La mayoría de las empresas contrata a sus aliados de crecimiento con el mismo proceso con que compra papelería. Se piden tres cotizaciones, se compara el alcance, se negocia el precio y se firma un contrato que deja claro qué se va a entregar cada mes. Todo muy ordenado. Todo muy razonable. Y casi siempre, el resultado es una relación en la que el proveedor cumple con lo pactado y el negocio crece, o no crece, por razones que nadie en la relación controla.
Esta última edición de la serie propone otra forma de tomar esa decisión: evaluarla como una asignación de capital.
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